El antagonismo de siempre
Otra vez surge la dicotomía. Otra vez opiniones contrapuestas aparecen en vísperas de una nueva temporada en torno a los espectáculos, los ruidos molestos y la recreación, en contraposición a la tranquilidad que muchos buscan. Otra vez las distintas opiniones cargadas de subjetividad y parcialidad que pretenden inclinar la balanza para el lado que más le guste a cada parte involucrada, pero sin considerar que le conviene a la ciudad como punto turístico, planteando todo (o casi todo) como una competencia de intereses disímiles. Otra vez a lidiar con lo mismo.Quizá haya llegado el momento de comprender que estamos viviendo en un lugar puramente turístico y en donde se le debe ofrecer al visitante una variada gama de alternativas para que disfrute de su estadía. Darle la tranquilidad de la sierras y darle también un abanico de posibilidades para la diversión, buscando puntos de encuentro y alternativas de convivencia entre ambas, donde seguramente las posturas en cuestión deberán aprender a relegar algunas de sus pretensiones. Tal vez haya que preguntarse si es correcto plantearlo como un antagonismo, lo cierto es que parece un cruce perpetuo entre los que algunos quieren y lo que otros pretenden. Entre los partidarios de un pueblo turístico tranquilo y para la familia y la recreación que otros pregonan, argumentando que una ciudad turística debe brindar como opción alternativas de divertimento. Es cierto que no es fácil en una localidad como esta encontrar el equilibrio adecuado, porque siempre prevalece la tendencia de oponerse y prohibir antes de debatir, de enfrentar antes de consensuar. Por eso es complicado.Alguna vez se debería trabajar para conocer definitivamente desde donde venimos y hacia donde vamos o lo que es mejor, hacia donde queremos ir. A partir de ahí, las políticas de estado basadas en la opinión de todos lo estratos que componen la sociedad podrán delimitar las reglas de juego. Mientras tanto, parece interminable el tire y afloje entre los que quieren ver una localidad turística tranquila y quienes se la imaginan como un verdadero centro turístico del valle. Para ello habrá que abrir la cabeza y pensar que se está viviendo en una localidad turística y por lo tanto analizar que es lo mejor para ofrecer a quienes eligen este punto del país para vacacionar basándonos en alcanzar la armonía y el equilibrio. Conocer de una vez por todas cual es el perfil de ciudad que queremos será clave y fundamental, por que a partir de ahí el filtro de espectáculos se hará por inercia. De ahí saldrá si queremos un turismo familiar o ser un punto turístico que albergue a una diversidad de público, incluido los jóvenes. Sabiendo esto, las discusiones serán menores, pero también habrá que tener en claro que no siempre se puede oponer a todo, porque el progreso de una ciudad turística no depende de un interés particular, sino de un interés general. El ente mixto deberá abocarse a tratar este tipo de problemáticas, cuando empiece a funcionar alguna vez, está claro.
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